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El agotamiento emocional de los pediatras ante desastres naturales

El impacto psicológico en médicos especialistas tras atender víctimas infantiles en emergencias sísmicas plantea retos urgentes para el sector salud.

Redacción El Observador
Foto: caraotadigital.net

La crisis humanitaria derivada de los sismos ocurridos el pasado 24 de junio en Caracas ha dejado una huella profunda en el personal médico de primera línea. Un pediatra de emergencias, tras laborar seis jornadas consecutivas en condiciones críticas, ha manifestado una fatiga extrema al enfrentar el sufrimiento de decenas de niños rescatados de los escombros. Este fenómeno, conocido como fatiga por compasión, ocurre cuando el profesional de la salud absorbe el trauma de sus pacientes, superando su capacidad de resiliencia emocional.

El trabajo en zonas de desastre exige una fortaleza mental que a menudo es subestimada en los protocolos de formación médica. Los especialistas en pediatría se enfrentan no solo a la gravedad física de las lesiones por aplastamiento, sino también al impacto de atender menores en estado de shock postraumático. En situaciones de alta demanda, los servicios de urgencias se ven desbordados, lo que limita el tiempo de atención psicológica necesaria para estabilizar a las víctimas y al propio personal sanitario.

Expertos en salud pública sugieren que la Secretaría de Salud debe reforzar los programas de apoyo psicosocial para el personal de primera respuesta. La propuesta busca implementar esquemas de rotación más estrictos y sesiones de contención emocional obligatorias para quienes atienden catástrofes. El objetivo es evitar el síndrome de desgaste profesional que provoca el abandono de especialidades vitales, garantizando que los médicos cuenten con las herramientas necesarias para procesar estas experiencias traumáticas.

La labor de los pediatras en emergencias requiere un equilibrio complejo entre la pericia técnica y el acompañamiento humano. Cuando el volumen de pacientes víctimas de desastres supera la capacidad instalada, el agotamiento se vuelve una amenaza para la continuidad de la atención médica de calidad. La sociedad civil y las autoridades sanitarias enfrentan el reto de visibilizar estas secuelas, promoviendo entornos laborales que prioricen la salud mental de los especialistas que salvan vidas en los momentos más oscuros.

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